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Un pediatra explica a una madre
el diagnóstico y el tratamiento de su hijo. /CLÍNICA
DEXEUS |
No deben ir a la guardería o al colegio cuando tienen varicela,
rubeola, diarrea de tres o más episodios durante 24 horas o
conjuntivitis purulenta..., pero sí pueden cuando padecen un virus o
una bacteria en la orina que no causa síntomas de enfermedad y no
son contagiosos, si sufren, por ejemplo, hepatitis tipo B o sida o
una infección en los ojos que no supura.
Sin embargo, tal y como apunta un nuevo estudio ni padres, ni
cuidadores, ni determinados profesionales sanitarios conocen bien
las guías que despejan las dudas sobre cuándo un menor tiene que ser
excluído del contacto con otros y cuándo no. El trabajo, que ha
visto la luz en 'Ambulatory Pediatrics' y que ha sido realizado por
especialistas del Hospital de Niños de Cincinnati (EEUU), es el
primero de estas características y nace con la intención de desvelar
si progenitores y profesionales de la salud están al tanto de las
recomendaciones realizadas en 1992 de forma conjunta por la
Asociación Americana de Pediatría y la Asociación Americana de Salud
Pública que han sido revisadas, recientemente, en 2002.
Para este grupo de investigadores, el conocimiento de ellas es
útil si se valora que el número de menores que acude a centros
educativos o de cuidados está aumentando y que la vida en común, al
igual que el comportamiento típico infantil como tocarse
continuamente o llevarse las cosas y las manos a la boca, conducen a
una rápida expansión de las patologías como diarreas,
gastroenteritis o resfriados.
El estudio se realizó mediante un cuestionario a 132 padres y a
36 pediatras con el que además se intentaba conocer sus creencias
sobre si la exclusión temporal del niño enfermo es una medida eficaz
para proteger al resto de compañeros de clase. Los autores recuerdan
que son 28 los síntomas y enfermedades específicas por los que un
niño debe quedarse en casa (vomitar, hepatitis A, tuberculosis,
gripe, enfermedades respiratorias... entre otras) y que tan sólo son
siete, las que no impiden el contacto con otros infantes. Sólo el
60% de los encuestados conocía los criterios de la guía para 12 de
las enfermedades comunes de los menores. Mientras que la mayoría de
los padres se mostró de acuerdo con la eficacia de la exclusión,
sólo un 33% de los médicos valoró esta medida, empujados en parte,
porque el periodo de incubación de los virus suele preceder varios
días antes a la manifestación de los síntomas y, en muchas
ocasiones, en ese tiempo es cuando la enfermedad es transmisible.
Para los autores del estudio, la forma más eficaz de prevención de
contagios sigue estando en una antigua regla de oro: «Lavarse las
manos y emplear las medidas higiénicas necesarias son mucho mas
efectivas que el aislamiento a la hora de evitar la transmisión de
patologías».
Creen, además, que se deben tomar otras fórmulas para expandir el
conocimiento de las recomendaciones.
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