Oficinas con la luz encendida a las nueve de la noche, abuelos y
niñeras en la puerta del colegio con los críos de la mano, sobremesas
hasta las cinco de la tarde. El horario español, marcado por jornadas de
trabajo a menudo largas y discontinuas, provoca una cosecha de ojeras,
agotamiento, falta de tiempo propio y un dilema frecuente: ¿se trabaja
para vivir, o se vive para trabajar?
"Lo segundo", responde sin dudar la diputada del PP Carmen Quintanilla.
"Vivimos sin poder educar a nuestros hijos por falta de tiempo y sin vida
personal", plantea esta parlamentaria que ha llevado el problema a los
escaños. Gracias a su iniciativa, respaldada por unanimidad, acaba de
arrancar en el Congreso la Subcomisión de Adecuación de Horarios. Una
docena de diputados escuchan ya las opiniones de los expertos (unos 50,
hasta el próximo verano). Su objetivo es analizar los horarios españoles,
especialmente los laborales, y emitir recomendaciones para mejorar la
conciliación entre trabajo, familia y vida personal.
Para algunos especialistas, la receta pasa por adoptar el ritmo vital
europeo (comer antes y en menos tiempo y acostarse más pronto), pero hay
quien defiende la excepción cultural del irse a la cama tarde,
alentada por el clima y la sociabilidad. Pero unos y otros tienen en el
punto de mira la jornada laboral, determinante de los ritmos vitales, y la
falta de armonía, por ejemplo, entre horarios laborales y escolares. La
cuestión se considera mucho más relevante en las empresas privadas (de los
19,1 millones de ocupados, 2,4 millones son funcionarios, en general con
mejor horario) y en las ciudades, donde hay que dedicar mucho tiempo al
transporte.
Horario "eterno"
"El problema de los horarios españoles son las jornadas eternas. No
comemos a las doce, como en Europa, sino a las tres, y hacemos una pausa
muy larga. Acabamos de trabajar entre las nueve y las diez de la noche",
plantea Nuria Chinchilla, de la escuela de negocios IESE (vinculada a la
Universidad de Navarra). Esa hora tan tardía se debe en gran medida a la
prolongación de jornada. El 44,7% de los trabajadores españoles la alarga
habitualmente (la mitad, sin compensación por ello), sobre todo por
sobrecarga de trabajo, según el Centro de Investigaciones Sociológicas
(barómetro de mayo pasado). De cada diez empleados que prolongan su
jornada, seis preferirían evitarlo (véase gráfico).
"La gente cree que hace carrera por estar en la oficina más horas de
las que marca su jornada, y eso en algunas empresas es una realidad. Sin
embargo, las compañías deben ver el lucro cesante que suponen esas
jornadas tan largas, porque la gente se queda sin otra vida más allá de la
laboral, y eso no es rentable. Además, nuestra productividad es de las más
bajas de Europa", plantea Chinchilla, convocada por la subcomisión. "Debe
cambiar la cultura empresarial. Si no, la gente está agotada y no se
compromete con el trabajo, se limita a sobrevivir", añade. "O mejoramos
los horarios y conciliamos, o vamos al suicidio, como demuestra la baja
natalidad".
La patronal CEOE tiene una postura definida: "Los avances en
conciliación no se pueden abordar de manera generalizada, dadas las
peculiaridades de cada sector. Deben implantarse en el marco de la
negociación colectiva. También se deben proteger las necesidades de las
empresas y su competitividad".
Peor para las mujeres
Los sindicatos replican. "Las empresas piden cada ver una mayor
disponibilidad y flexibilidad a los trabajadores, con jornadas cada vez
más incompatibles con la vida personal", plantea Rita Moreno, de la
secretaría de Acción Sindical de CC OO. "Se prolongan por mala
organización, por hacer méritos o por no contratar a más gente", afirman
en el Gabinete Técnico de UGT. "Los horarios machacan la vida de los
trabajadores, y esto afecta sobre todo a las mujeres", añaden.
Incorporadas masivamente al mercado laboral, las trabajadoras llevan el
peso doméstico. Y ello, con unos horarios "incompatibles con el nuevo
modelo familiar de padre y madre trabajadores", según la catedrática
Constanza Tobío, de la Universidad Carlos III. "También hay que avanzar en
el reparto equitativo de las tareas domésticas y establecer más servicios
de cuidado, por ejemplo de los mayores", apunta la diputada socialista
Lourdes Muñoz, miembro de la subcomisión.
En ese foro ha aportado su visión Maria Gloria Llàtser, directora de
una empresa dedicada a elaborar planes de conciliación para otras,
Optimiza. "La Administración debe legislar y crear servicios de atención a
las personas dependientes. En los hogares hay que avanzar en la
corresponsabilidad. Las empresas deben cambiar su cultura, y los
trabajadores, atreverse a pedir medidas de conciliación previstas en las
leyes. Son pocas, pero apenas se utilizan por miedo a ser mal vistos o a
no hacer carrera", asegura. Preconiza la mejora de la gestión del tiempo
en el puesto de trabajo. "Como se sale tarde, no se empieza la jornada al
100%. Hay que tener tiempo para trabajar, no sólo para apagar fuegos. Eso
mejora la eficiencia y la productividad".
Llàtser advierte de los efectos de la falta de conciliación, un enemigo
de la competitividad: "El estrés y la agresividad que genera es uno de los
grandes problemas de nuestra sociedad. Tiene efectos en la
desestructuración de las familias y el fracaso escolar de los hijos".
Campaña para acabar a las seis
"A partir de enero, vamos a señalar con el dedo a las oficinas que
sigan con las luces encendidas más allá de una hora razonable. Se trata de
avergonzarlas públicamente, pero con corrección", afirma Ignacio Buqueras,
presidente de la Comisión Nacional de Horarios.
Este organismo, alentado por la Fundación Independiente e integrado por
siete ministerios, ocho comunidades autónomas, patronal, empresarios y
varias universidades y fundaciones, trabaja desde 2003 en pro de la
racionalización de los horarios españoles. El próximo miércoles, el
ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, prevé presentar los
últimos trabajos de la comisión, incluidos en el libro España en
hora europea. En él se hace un diagnóstico de la situación y se
plantean sugerencias para la adecuación incluso de los horarios
comerciales.
"Pedimos horarios flexibles para que los trabajadores entren entre las
siete y las ocho y media de la mañana y salgan entre las cinco y las seis
de la tarde, para lo que se debe reducir la pausa de mediodía a una hora
como máximo", explica el presidente de la comisión, Ignacio Buqueras. "De
esa forma, tendríamos mejor calidad de vida y los ciudadanos dejarían de
estar tensos y angustiados", añade.
Para Buqueras es necesario un cambio en la cultura empresarial que
lleve hacia una "política de luces apagadas en las oficinas a partir de
las seis de la tarde". "El sector empresarial cree que queremos reducir la
jornada, pero no se trata de eso, sino de racionalizarla", añade. "Con
ello mejoraría la productividad, que no está ligada al número de horas de
trabajo, sino a la satisfacción en el trabajo y a que sea armónico con
todo lo demás".