Dos trabajadoras fuman ante la
puerta de una oficina.
(RICARDO GU?TIÉRREZ)
ampliar
Que me dejen salir a fumar, aunque no me paguen la terapia para
abandonarlo. Eso es lo que dice la mayoría de los empleados que fuman en
el trabajo, según una encuesta. Prefieren que la empresa les facilite
pausas para consumir cigarrillos a que les financien tratamientos para
dejar el hábito. Una consulta a 1.298 empleados de una compañía de trabajo
temporal revela que el 51% de los asalariados que acostumbran a fumar en
su oficina creen que lo que tiene que hacer la empresa es autorizar pausas
para fumar. La patronal recomienda a los empresarios que no autoricen esos
recesos.
Blas León elegiría que le pagasen un tratamiento para dejar de fumar.
"Ahora que tengo un nivel de conciencia mayor sobre lo malo que es el
tabaco, lo preferiría a las pausas. Antes, no". Tiene 29 años y trabaja
como educador en un centro para discapacitados psíquicos. Sale a fumar dos
veces a lo largo de su jornada y se echa uno o dos pitillos. "Pero el
resto del tiempo fumo mucho, estoy más ansioso. Antes de las nueve de la
mañana, cuando entro a trabajar, ya me fumo tres. Es decir, que con la ley
no he reducido el paquete que fumo al día".
Hay cinco millones de trabajadores que se encuentran en el caso de
Blas. Éste es el cálculo resultante de aplicar el porcentaje de población
que fuma (un 31%) al total de afiliados a la Seguridad Social (18
millones). Llevan casi cuatro meses sin fumar dentro de la oficina, desde
que el 1 de enero entrara en vigor la ley antitabaco. Si se lo permiten,
suelen salir a la calle a consumir un cigarrillo una media de cuatro veces
por jornada. Y eso es lo que prefieren, según una encuesta realizada en
febrero entre 1.298 empleados de Alta Gestión, una empresa de trabajo
temporal.
Dos de cada tres preguntados (857) son fumadores. La mayoría (75%)
tiene menos de 34 años, el 55% son mujeres y el 41% fuma entre 11 y 20
cigarrillos diarios. No todos fumaban en el trabajo antes de entrar en
vigor la ley. Lo hacían 6 de cada 10 fumadores (un 58%). Más de la mitad
de los integrados en este último grupo (51%) cree que la empresa debe
facilitar tiempo para salir a fumar. Uno de cada tres (33%) considera que
sus jefes deben financiar tratamientos para dejar de fumar y sólo un 7%
cree que la compañía se debe limitar a hacer cumplir la ley.
Si la pregunta se hace tanto a fumadores que consumen cigarrillos
durante el horario laboral como a los que nunca lo habían hecho antes de
entrar en vigor la ley, baja el porcentaje de los que prefieren que la
empresa facilite pausas para fumar. Cuatro de cada 10 (46%) piensan que
ésa es la postura empresarial correcta, seguida de la financiación de la
terapia (38%) y que se cumpla la ley (15%).
La visión de quienes no fuman es bien distinta: sólo uno de cada cinco
empleados no fumadores (19%) preguntados cree que la empresa debe
facilitar pausas para que sus compañeros salgan a consumir cigarrillos. Se
decantan sobre todo (en un 49%) porque los patronos financien
terapias.
Los expertos, basándose en las experiencias de otros países, aseguran
que no se pierde productividad por salir a fumar a la calle, básicamente
porque convertir las oficinas en lugares sin humo hace que quienes fumen
consuman menos cigarrillos. Ello implica que se reducen las bajas
laborales. Además, las pausas tienden a ser menores con el paso del tiempo
porque los fumadores van disminuyendo la cantidad de cigarros que fuman
durante la jornada, hasta el punto de que llegan a hacer los mismos
recesos que sus compañeros que no fuman.
La patronal no es partidaria de que se autoricen las pausas. La
Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) recomendó,
tras entrar en vigor la ley, que no se permitan, alegando que la norma no
pretende preservar los derechos de los fumadores y que se pueden generar
agravios con los empleados que no fuman. La patronal también desaconseja
abordar este tema en la negociación colectiva, algo que los sindicatos sí
quieren acordar.
Según datos sindicales, en la mayoría de las empresas se permite salir
a consumir cigarrillos a la calle. También Álvaro Garrido, del Club de
Fumadores por la Tolerancia, opina, por la información que se recibe de
sus 70.000 socios, que en la mayoría de las empresas se deja salir. "Pero
el asunto de las pausas hay que abordarlo abiertamente, es un problema
nuevo y se debe hablar en la negociación colectiva", dice, "para que
fumadores y no fumadores no se sientan agraviados. Si la patronal es
intransigente, quizá el Ministerio de Trabajo debiera tomar alguna
postura".
Los fumadores encuestados por Alta Gestión son críticos con la nueva
ley: sólo uno de cada cuatro cree que es buena. El resto la considera
"estricta" (un 35%) o no está de acuerdo (un 39%). Aun así, casi la mitad
de los preguntados (44%) afirma que va a dejar de fumar, aunque 7 de cada
10 no utilizará ni terapia psicológica ni medicación. Entre los fumadores
que lo hacen en el trabajo, más de la mitad (54%) sale a la calle a fumar
y un 12% lo hace en los baños.
Por el contrario, quienes no fuman apoyan la ley: un 67% la considera
buena, aunque un 24% cree que es estricta.