Juan Andrés Ramírez Armengol,
con integrantes de su equipo.
(LUÍS MAGAN)
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Sólo cuatro de cada diez casos de
cáncer colorrectal se descubren en fases tempranas
Desde que aparece en el intestino grueso un pólipo adenomatoso y éste
se convierte en cáncer, pueden pasar más de 10 años. Existe pues un largo
periodo de tiempo en que es posible evitar que ese pólipo que se esconde
entre los pliegues del colon se convierta en un enemigo mortal. Si se
descubre cuando todavía es precanceroso, el riesgo puede eliminarse por
completo. Si se descubre en la fase inicial del cáncer, el índice de
curaciones a los cinco años alcanza al 90% de los casos. Pero si se
descubre cuando ya ha afectado a los tejidos próximos o a los ganglios, el
porcentaje de curaciones cae hasta el 56%. Eso significa que, como ocurre
con el cáncer de mama o de próstata, una revisión a tiempo puede marcar la
diferencia entre la vida y la muerte.
El problema es que las lesiones precancerosas no están a la vista y
muchas veces, cuando presentan síntomas perceptibles para el propio
enfermo, como sangrado o dolor, el cáncer está ya en fase avanzada. Cada
año se diagnostican en España 11.000 nuevos casos de cáncer de colon, pero
sólo cuatro de cada 10 se detecta en fase temprana. Eso significa que la
mortalidad podría reducirse significativamente si se lograra un
diagnóstico más precoz y tendría un fuerte impacto social, pues el cáncer
de colon es la segunda causa de muerte por cáncer en España, después del
de pulmón.
Como ocurre con el cáncer de mama y de próstata, en el cáncer de colon
es posible lograr un diagnóstico precoz, pero exigiría implantar programas
de cribado, al menos en la población de riesgo. A justificar su necesidad
ha dedicado una intensa actividad el profesor Juan Andrés Ramírez
Armengol, jefe del servicio de Endoscopia del Hospital Clínico San Carlos
de Madrid. Está convencido de que el cribado del cáncer de colon no sólo
se justifica desde el punto de vista sanitario, sino también económico,
pues además de salvar vidas, evita los enormes costes que los casos
evitables ocasionan al sistema sanitario. "Hay dos tipos de tumores en los
que el cribado se considera plenamente justificado, el de cérvix y el de
mama. El tercero es el cáncer de colon en la población de riesgo",
explica. "La prevención primaria del cáncer colo-rectal está justificada
por tres motivos: su elevada frecuencia, la ausencia de síntomas en las
fases iniciales y las elevadas posibilidades de curación cuando se
diagnostica a tiempo".
En los últimos años se ha avanzado mucho en las técnicas de
diagnóstico, que permiten detectar las lesiones precursoras y los tumores
en fases todavía asintomáticas. Someter a toda la población a esas pruebas
a partir de una determinada edad supondría una sobrecarga que los
servicios sanitarios no podrían asumir de inmediato, y provocaría un
aumento de las listas de espera en los pacientes ya sintomáticos. A corto
plazo, el perjuicio del cribado sería mayor que el posible beneficio. Por
ello se plantea introducirlo de forma progresiva y restringirlo de momento
a la población de riesgo.
Diferentes estudios han permitido definir qué personas tienen mayor
riesgo de sufrir este tipo de cáncer. Se estima que cerca del 80% de los
casos son de los llamados esporádicos, es decir, que se diagnostican en
personas de edad avanzada sin una causa identificada. Pero hay más de un
20% en los que se observa un componente genético hereditario. "Si a las
personas que tienen parientes de primer grado con cáncer colorrectal,
fallecidos o no, les realizamos una colonoscopia a una edad 10 años
inferior a la del pariente con cáncer de colon, encontramos que el 10%
presentan pólipos en fase adenomatosa, lo cual significa que con el
tiempo, evolucionarán seguro hacia un cáncer", explica el profesor Ramírez
Armengol. Cuando la prueba se realiza a las personas que tienen dos o más
parientes de segundo grado con cáncer de colon, el porcentaje de los que
tienen pólipos es del 5%.
Estos y otros datos figuraban en el informe que, a instancias del
profesor Ramírez Armengol y otros especialistas, llevó la entonces
ministra de Sanidad, Ana Pastor, al Consejo de Europa hace tres años para
evaluar la conveniencia de realizar campañas de cribado. Una campaña de
este tipo implica realizar una colonoscopia a partir de los 50 años a las
personas de riesgo y si es negativa, repetirla a los 10 años. Eso
significa que se ha de dotar a los servicios sanitarios de recursos
adicionales para no colapsar las unidades de endoscopia. La Comunidad de
Madrid financia un programa piloto de cribado en el Hospital Clínico San
Carlos de Madrid, para lo que cuenta con una unidad específicamente
dedicada a ello. Este hospital es el único que cuenta con un servicio
central de endoscopia que funciona las 24 horas del día y es el primer
servicio con pacientes con el certificado de calidad ISO 9001:2000, cuya
obtención comporta un duro examen.
"Estimamos que de las 500.000 personas que hay en el área que atiende
este hospital, unas 10.000 tienen antecedentes familiares de cáncer de
colon. El estudio debe determinar cuántas de ellas tienen pólipos
precancerígenos. La ventaja del programa es que la detección precoz es
también un tratamiento, pues a quienes tengan pólipos se les extraerán. El
problema de estos programas es el coste inmediato, porque a largo plazo
está claro que son rentables".
Pero la obtención de recursos no es el único problema con que
tropiezan. La prueba es molesta y mucha gente no quiere someterse a ella
ni siquiera sabiendo que tiene un elevado riesgo de cáncer. "La
exploración requiere una preparación previa, es bastante molesta, por lo
que se hace con sedación, y aunque mínimo, también tiene un riesgo". El
miedo, la comodidad y a veces la falta de información son obstáculos por
superar. "Como se ha visto en el cribado de cáncer de mama, este tipo de
campañas necesitan años para que den sus máximos frutos", argumenta el
profesor Ramírez Armengol.
La campaña ha deparado algunas sorpresas. Por ejemplo, de las 411
primeras personas que habían solicitado la prueba, sólo 197 cumplían los
requisitos, entre ellos el de no presentar síntomas. Los otros 214
presentaban síntomas, pero acudían al programa para eludir la lista de
espera de su centro de referencia. Desde el 1 de abril se ha atendido a
unos 500 enfermos. "Pusimos un teléfono especial (91 330 35 91) y tuvimos
un aluvión de llamadas. Pero entre junio y septiembre fallaron el 70% de
las personas que habíamos programado". El programa se había limitado
inicialmente al área del hospital Clínico San Carlos, pero en la práctica
se aplica sin límites geográficos. Cualquier persona que tenga
antecedentes familiares de otras áreas puede solicitar la prueba.
Los resultados preliminares de los 197 casos analizados entre marzo y
octubre pasados han sido elocuentes: el 37% presentaba uno o más pólipos,
de los cuales, después de realizar los correspondientes análisis
histológicos, el 16,2% fueron remitidos a la unidad de consejo genético de
oncología por el riesgo de desarrollar una neoplasia.