Fotografía de la exposición
La mirada del Alzheimer, exhibida en 2005 en el FAD de
Barcelona.
(DIEGO ALQUERACHE)
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Estrés, insomnio, depresión o
ansiedad subyacen en muchos problemas de memoria
Las demencias afectan al 30% de
las personas que tienen más de 80 años
Muchas personas bromean con la enfermedad de Alzheimer cuando se les
olvida un nombre o no recuerdan dónde han puesto las llaves. Otros, sobre
todo si tienen familiares con esta patología, no bromean cuando eso les
ocurre. Al contrario: se angustian porque temen padecerla. El estrés, la
angustia y la depresión pueden afectar a la memoria. Pero los fallos de
memoria también pueden ser el primer síntoma de una enfermedad
neurodegenerativa. ¿Cómo distinguirlos? Ése es el gran reto de los
especialistas. El 40% de la población mayor de 65 años refiere problemas
de memoria que no afectan a su vida diaria, pero entre un 12% y un 14%
desarrollará Alzheimer con el tiempo. Los especialistas se plantean
detectar las demencias en su estadio más precoz, el del llamado deterioro
cognitivo leve.
"Para poder retener una información se ha de estar atento, alerta,
vigilante, y así poder empezar una acción y terminarla. Esta situación de
atención-concentración se relaciona con el estado psicoafectivo. Cuando se
evalúa a adultos con problemas de memoria, se observa que la mayoría de
ellos no presenta déficit en las pruebas de memoria pura, sino en las de
atención-concentración, que secundariamente van a producir una pérdida de
memoria. El estrés, el insomnio, la ansiedad o la depresión son las causas
que subyacen en muchos casos con problemas de memoria", explica Mercé
Boada, neuróloga del hospital Vall d'Hebrón de Barcelona.
En personas de más de 65, los síntomas de alarma comienzan, según los
expertos, cuando la pérdida de memoria se mantiene durante meses y con una
intensidad suficiente para que los familiares se den cuenta. En estos
casos es preciso realizar una exploración formal y protocolizada de la
memoria (visoespacial, de lenguaje, verbal, lógica o biográfica) y de
otras áreas cognitivas (lenguaje, reconocimiento o cálculo).
En la mayor parte de quienes se quejan de problemas de memoria, la
pérdida no se confirma en las exploraciones clínicas. Es un efecto
transitorio de situaciones de estrés, angustia o depresión. Pero hay un
porcentaje de personas en las que se aprecia un deterioro cognitivo leve,
un concepto que se ha consolidado en los últimos años y que refleja una
situación de pérdida cognitiva que puede desaparecer, estabilizarse, o
derivar en una demencia.
Las demencias afectan a entre el 5% y el 10% de los mayores de 65 años,
porcentaje que se dobla cada cuatro años de edad hasta alcanzar el 30%
entre quienes tienen más de 80 años. Según una guía elaborada por el Grupo
de Trabajo de Demencias de la Sociedad Española de Medicina de Familia y
Comunitaria (Semfyc). La demencia más frecuente es la de Alzheimer (56%),
seguida de la vascular (20,3%) y de la mixta (6%), que incluye ambas.
"Para diagnosticar un deterioro cognitivo leve, según los criterios de
Ronald Petersen, uno de los expertos que más ha trabajado en este campo,
es necesario que exista pérdida de memoria o de una función ejecutiva, es
decir que no se produzca como consecuencia de una enfermedad de base que
lo justifique, y que además exista una desviación estándar de 1,5 en las
pruebas neurológicas que se realizan habitualmente, esto es, una
desviación sobre el resultado de población sana de edad y características
similares a las del paciente", subraya Pedro Gil, responsable de la Unidad
de Memoria del servicio de Geriatría del hospital clínico San Carlos de
Madrid.
Hacer un diagnóstico de deterioro cognitivo leve no es una tarea fácil,
aunque el verdadero reto descansa en diferenciar este primer estadio de
una demencia en inicio. Para llegar a un diagnóstico correcto los
facultativos realizan una valoración clínica extensa, recabando
información de la persona y de su entorno más próximo, así como una amplia
batería de pruebas neuropsicológicas y al menos una prueba de neuroimagen.
También se indican pruebas analíticas o radiológicas para excluir otras
enfermedades.
Entre las técnicas neuropsicológicas que más se utilizan en España para
valorar la memoria figuran la escala de inteligencia de Wechsler (WAIS en
sus siglas en inglés), y la batería CERAD, que comprende un grupo de siete
pruebas. Para analizar las funciones ejecutivas se muestran dibujos o se
cuentan historias que luego tiene que repetir el paciente. La película
Gente de Roma muestra una entrañable escena en la que se practican
algunas de estas pruebas para determinar si el paciente sufre Alzheimer.
Las técnicas de neuroimagen apoyan el diagnóstico y, entre otros, valoran
el grado de atrofia del hipocampo, que es la zona del cerebro relacionada
con la memoria, el grado de perfusión en zonas temporales, o la atrofia
cerebral en general.
"En el deterioro cognitivo leve hay dos grandes grupos de pacientes:
los de tipo amnésico, que pierden exclusivamente la memoria, y los que
sufren un deterioro cognitivo de dominios múltiples, que pueden o no
perder memoria, pero que, además, tienen deterioradas otras áreas de la
función cognitiva, como el lenguaje o la función ejecutiva. En general,
continúan haciendo una actividad diaria normal y el rendimiento no difiere
mucho de los sujetos normales", explica Marcelo Berthier, coordinador del
Grupo de Neurología de la Conducta y Demencias de la Sociedad Española de
Neurología.
A los pacientes con deterioro cognitivo leve, tanto amnésico como el
que afecta a más de un área cognitiva, se les debe hacer un seguimiento
periódico muy de cerca, según apunta Boada: "Se podría detectar la
enfermedad muy al inicio y, por tanto, tratarla en la fase inicial,
retrasar los síntomas y poder aumentar la calidad de vida del paciente y
su familia".
De momento, no hay ninguna prueba que permita determinar cómo
evolucionará el paciente con deterioro cognitivo leve. Lo que sí se sabe
es que el 14% de ellos desarrolla demencia al año y estudios recientes han
mostrado que la atrofia cerebral progresa a razón de un 14% anual. "Cuando
se dice que los pacientes desarrollan demencia en un 14%", dice Boada, "no
podemos perder de vista que, aunque los médicos tenemos que preocuparnos
por ese porcentaje, la sociedad ha de ser consciente de que un 86% no la
sufrirá".
El concepto de demencia senil o problemas de memoria asociados a la
edad es un concepto obsoleto, según los expertos, Éstos distinguen dos
patrones, el de demencia neurodegenerativa o de Alzheimer y el de demencia
vascular. El primero es una enfermedad progresiva, que en estos momentos
se atribuye a una acumulación anómala de una proteína que degenera la
función de las neuronas y que, a la larga, las mata. La demencia vascular
o la presencia de lesión vascular en Alzheimer aparece además por la
asociación con factores de riesgo vascular (hipertensión, cardiopatías,
obesidad, sedentarismo o diabetes), que provocan pequeñas trombosis.
"Aunque la edad es el factor de riesgo más importante para desarrollar
Alzheimer, también es un factor crucial para padecer una patología
vascular cerebral y, según se va envejeciendo, estos procesos pueden
coexistir en un mismo individuo", indica Mercé Boada, que también es
directora médica de la Fundación ACE, entidad especializada en el
diagnóstico y tratamiento de enfermos de Alzheimer y que trabaja con
programas de estimulación integral desde 1990 (fundacioace.com.
familialzehimer.com).
Asistencia integral
Los médicos de familia tienen un papel fundamental en la detección de
las demencias, por lo que, según Marcelo Berthier, coordinador del Grupo
de Neurología de la Conducta y Demencias de la Sociedad Española de
Neurología, deben tener claro que "existen terapias eficaces para
tratarlas y que es importante un diagnóstico temprano para poder aplicar
un tratamiento precoz".
Se diagnostica menos del 30% de los casos de demencia, y de ellos, sólo
un tercio se trata con fármacos, lo cual significa que "todavía estamos
lejos de dar una buena asistencia a estos enfermos", según Berthier.
Los tratamientos son sintomáticos y, en general, retrasan la evolución
de la enfermedad y mejoran los aspectos cognitivos y conductuales. Se
deben administrar de forma precoz y mantenida. Las terapias no
farmacológicas están destinadas a potenciar las funciones que todavía no
se han perdido.
Diferentes estudios han demostrado que la neuroprevención es eficaz,
que la actividad física unida a la actividad intelectual ejerce un efecto
protector para evitar la demencia. "Nadie se sorprende cuando se intenta
un diagnóstico precoz del cáncer de mama, o prevenir la obesidad, pero aún
no se plantea el diagnóstico precoz en las demencias, enfermedades
incurables, progresivas e irreversibles que tienen una gran repercusión
social y económica", señala Pedro Gil, responsable de la Unidad de Memoria
del hospital Clínico San Carlos de Madrid.
Las sociedades españolas de Psiquiatría y de Psicogeriatría, integradas
por unos 1.300 especialistas, han presentado un documento conjunto,
Consenso español sobre demencias, que propugna un modelo
asistencial horizontal en el que debe participar de manera coordinada toda
la red sociosanitaria.
El modelo incluye desde acciones de prevención dirigidas
a los pacientes y familiares, a la creación de una unidad funcional de
demencia y deterioro cognoscitivo de carácter multidisciplinar.
"De momento, existen muy pocas experiencias de modelos asistenciales
integrales, algunas de ellas, en Cataluña, o aquí, en nuestro hospital.
Éste es un gran reto para la sanidad y los servicios sociales en demencia:
dar un tratamiento integral que contemple tanto la intervención
farmacológica y psicoterapéutica, como la social y la familiar, y ahí es
donde entra la unidad funcional", explica Manuel Franco, jefe del servicio
de Psiquiatría del hospital Complejo Asistencial de Zamora y uno de los
autores del consenso.