Las cifras de riesgo de lesiones
serían todavía peores si se considerara la economía
sumergida
La primera foto realizada en España sobre la accidentabilidad
laboral de los inmigrantes muestra una realidad peor de la esperada. La
población inmigrante tiene un riesgo de sufrir lesiones mortales y no
mortales por accidente laboral que en el mejor de los casos es cuatro
veces superior al de los trabajadores autóctonos. Para las mujeres, este
riesgo es cinco o seis veces superior, y en el caso de los inmigrantes de
más de 55 años, se llega a multiplicar por 15, tanto para las lesiones
mortales como para las no mortales.
Estos primeros datos sobre el riesgo de lesiones por accidente laboral
en inmigrantes en España, recogidos en un estudio que publica el
Journal of Epidemiology and Community Health (JECH), son
sensiblemente superiores a los de otros países desarrollados. En ellos,
los trabajadores extranjeros tienen un riesgo mayor, pero sólo dos o tres
veces superior, según el epidemiólogo Fernando García Benavides, de la
Unidad de Investigación en Salud Laboral de la Universidad Pompeu Fabra de
Barcelona, y autor del estudio junto con Emily Q. Ahonen.
"En Holanda, Alemania, Suiza, Italia y Francia se observan también
mayores tasas de lesiones por accidentes de trabajo en inmigrantes
respecto a los autóctonos, pero en ningún caso hay tanta diferencia como
la que hemos encontrado en España. También es verdad que, según el
Eurostat, los españoles se accidentan entre un 50% y un 70% más que los de
otros países europeos", afirma García Benavides.
El fenómeno de la inmigración es tan relativamente nuevo en España que
hasta 2003 no se incluía la variable "nacionalidad" en las estadísticas de
accidentes de trabajo con baja laboral. Esta inclusión ha hecho posible el
análisis que ahora publica el JECH sobre el riesgo de accidente
laboral en la población inmigrante. Las cifras hablan por sí solas: 303 de
cada 1.000 hombres y 177 de cada 1.000 mujeres inmigrantes sufrieron
lesiones laborales no mortales en 2003, y en los mayores de 55 años hubo
nada menos que 682 lesionados por cada 1.000. De los 322 inmigrantes
muertos en el trabajo, 43 eran mayores de 55 años.
Pero el estudio sólo refleja la situación de los trabajadores afiliados
a la Seguridad Social, y dentro de este grupo sólo la de los asalariados
(unos 750.000), pues para los autónomos no es obligatorio dar un parte de
accidente. La accidentabilidad de los trabajadores ilegales es
desconocida, pero probablemente será todavía peor.
También faltan datos de lesiones laborales por comunidades autónomas y
en los distintos sectores laborales. Además, al tratarse de un primer
registro, las estadísticas tienen algunas imperfecciones y limitaciones,
según García Benavides, por lo que las conclusiones hay que tomarlas con
cautela. Los datos de 2004 se están analizando ahora y las estimaciones de
riesgo se conocerán en las próximas semanas.
Aunque las posibles explicaciones de este fenómeno son sólo hipótesis,
este epidemiólogo apunta que lo más probable es que los inmigrantes
trabajen en los puestos de trabajo más peligrosos. Hay que tener en
cuenta, además, la elevada rotación y temporalidad laborales, la menor
capacitación laboral y las lógicas dificultades lingüísticas y culturales
de los inmigrantes, que añaden más riesgo a puestos de trabajo ya de por
sí peligrosos.
En el caso de los trabajadores de más edad, hay que considerar, entre
otros factores, su menor capacidad física y su probable mayor fragilidad
biológica frente a las agresiones, pues no es lo mismo, por ejemplo, caer
de una altura de tres metros con 25 años que con 55.
Para empezar a estudiar la relación entre inmigración, trabajo y salud
hay que incrementar y mejorar la información disponible, según García
Benavides, pues "cualquier buena intervención preventiva debe estar basada
en información fiable". Con todo, los datos disponibles muestran "un
problema que requiere programas específicos de prevención de riesgos
laborales en inmigrantes, ya que parecen estar en una situación de
especial vulnerabilidad. Estos programas deben contar con la participación
de empresa y trabajadores".
Y añade: "Legalizar la situación de los inmigrantes sin papeles fue una
excelente iniciativa, pero hay que garantizar también su derecho a un
trabajo seguro, al menos tan seguro como los autóctonos".