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Hasta un 30% de los pacientes catalogados como hipertensos podría
estar incorrectamente diagnosticado y recibiendo una terapia
farmacológica innecesaria. Otras personas con problemas tensionales
podrían, por el contrario, haber escapado al diagnóstico. El origen
de estos errores está en el uso de esfignomanómetros (los aparatos
para medir la presión arterial) inadecuados. Se trata de un problema
muy extendido en las consultas españolas, según revela un estudio
que ha evaluado qué tipo de dispositivos utilizaron 3.600 médicos de
familia para atender a 14.000 pacientes. El 70% empleó artilugios
poco fiables para llegar a un diagnóstico.
«El resultado no nos sorprende porque lo esperábamos. Pero
precisamente queríamos poner de manifiesto esta realidad para llamar
la atención y sensibilizar a los profesionales y a la Administración
sobre la necesidad de renovar el parque de esfigmomanómetros»,
explica Juan Antonio Divisón, uno de los autores del trabajo,
llevado a cabo por el Grupo de Hipertensión Arterial de la Sociedad
Española de Medicina Rural y Generalista (SEMERGEN) y publicado en
el último número de 'Atención Primaria'.
LOS DISPOSITIVOS.
El análisis demostró que el 70% de los médicos utilizaba aparatos
de mercurio y otro 12% manómetros aneroides (que sustituyen la
columna de mercurio por un calibrador de presión), dos dispositivos
que deberían de haber desaparecido paulatinamente de la escena y
haber sido sustituidos por equipos electrónicos, mucho más exactos.
Por el contrario, sólo el 16% usaba éstos últimos, aunque cerca de
un 2% simultaneaba distintos métodos.
El motivo del escaso uso de equipos adecuados es, según Divisón,
«la tradición en el uso del mercurio y que la Administración no ha
renovado el material».
Los esfignomanómetros de mercurio y aneroides comparten varias
carencias. Las cifras que arrojan no son completamente exactas y
requieren el redondeo por parte del médico, algo que puede influir
en el diagnóstico final. Los primeros tienen otro problema añadido.
Desde 2003, la Unión Europea promueve su desaparición por problemas
medioambientales, ya que el mercurio es muy contaminante.
En cuanto a los aneroides, son muy sensibles a los golpes, se
descalibran fácilmente, lo que exige un mantenimiento semestral, y
no están validados por organismos que certifiquen su exactitud. De
hecho, desde hace algunos años, la Sociedad Europea de Hipertensión
no los recomienda para la práctica clínica diaria.
Estos sistemas precisan que un profesional haga la lectura de los
valores obtenidos, por lo que tampoco permiten automedidas
domiciliarias de las cifras tensionales con el fin de evitar otro
problema que dificulta el diagnóstico correcto: el llamado fenómeno
de 'bata blanca'. Éste se produce cuando una persona sufre una
elevación de la tensión si se la toma un sanitario, debido a que se
pone nerviosa. Los valores tienden a bajar cuando se hace una
automedida en un ambiente tranquilo.
Con el fin de evitar estos falsos positivos, los médicos utilizan
desde hace años aparatos electrónicos validados que evitan la
subjetividad al interpretar las cifras y pueden prestarse a los
pacientes para que se tomen la tensión en sus domicilios. «Si se
mide mal la presión se pueden adoptar decisiones equivocadas
respecto al tratamiento», reitera Divisón.
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